
la sociedad ha creado un falso prototipo de mujer perfecta, la mujer 60, 90, 60.


Después de la muerte de Lissa, nada fue igual, aunque tampoco esperaba que lo fuera, quiero decir todo el mundo me culpaba, hasta yo misma algunas veces lo hacia. Aunque entiendo los motivos de mi madre para enviarme con mi padre, no dejo de sentir que me esta traicionando.
Mi padre es el director de un instituto para superdotados en Londres, y no creo que ese sea mi lugar, pero debo hacerlo por la salud mental de mi madre, ella no deja de repetirme que no fue mi culpa, aunque se que en su fuero interno no es así, ya no podemos caminar tranquilamente por la calle sin dejar de escuchar susurros acerca de mi, pero como culparlos si yo misma me creía responsable de su muerte, así que después de miles y miles de suplicas por parte de mi madre acepte lo que ella llama “vacaciones a la normalidad”, aun no entiendo como convenció a mi padre, quiero decir el nunca mostro interés en que yo conociera su trabajo y mucho menos vivir con el.
Así que después de quien sabe que cosas, estoy aquí, terminando de empacar las cosas que llevare a Londres, termino de empacar mi jersey azul oscuro y cierro finalmente la maleta.
-cielo estas lista para irte-grito mi madre desde el piso inferior. Di una última mirada a mi habitación.
-ya bajo mama. –suelto un largo suspiro cojo mi maleta y mi bolso de mano, empiezo a bajar las escaleras y miles de recuerdos se agolpan en mi mente, recuerdos de momentos pasados con Lissa, recuerdos que no volverán.
-Lista?- dice mi madre parada ya en el umbral de la puerta, esperándome. Asiento como única respuesta.
-entonces apúrate. –termino de bajar las escalas y miro por ultima vez mi casa, por lo menos en un año.
Termino de salir de la casa y mi madre se sube rápidamente al taxi que nos espera, como si estuviera ansiosa por verme partir. Subo torpemente mi maleta al auto y doy la ultima mirada a mi casa, tantos recuerdos en ella, especiales por que Lissa esta en ellos, tantas pijamadas, juegos absurdos, llamadas en las noches, conversaciones eternas y miles de travesuras que hicimos de niñas. Aun me cuesta cree el hecho de que ella no este, tal vez tenga que ver con el hecho de que no pude estar en su funeral, y por que prefiero pensar que ella simplemente no esta. Es más fácil para mí.
Termino de subir al auto y cierro la puerta.
-A donde vamos?- dijo el taxista con un raro sentido del humos, desde cuando el mundo es tan feliz para los demás excepto para mi, hasta mi madre con su negro cabello y sus ojos verdes tiene un brillo inusual en su mirada, como si algo que hubiera estado esperando al fin hubiera pasado. Será que tanto le alegra mi partida?.
- al aeropuerto por favor- y después de ello fueron los cuarenta y cinco minutos mas cortos de mi vida. Cuando llegamos al aeropuerto eran las diez en punto, solo media hora para la salida de mi vuelo, y no podía estar mas asustada, por que me enviada lejos mi madre cuando mas la necesitaba?
Me baje del taxi y baje mi maleta, mientras mi madre pagaba al taxista, camine hasta unas sillas vacías al fondo del aeropuerto, deje la maleta a un lado, me senté y saque mi ipod me puse los auriculares y trate de relajarme escuchando coldplay, cosa que funciono hasta que mi madre se sentó en la silla continua. El silencio era denso tanto que podría cortarse con un cuchillo, así estuvimos hasta que pasados quince minutos hicieron el primer llamado para abordar mi vuelo, me levante rápidamente y avance rápido hasta la taquilla, ahora era yo la que deseaba marcharse, no podía seguir soportando esta situación con mi madre, entregue mi pasaje y pasaporte y sin voltear a despedirme entre a inmigración. Después de veinte minutos mas abordamos el avión, puse mi bolso de mano a mi costado, volví a ponerme mis auriculares e intente dormir. La suave música me arrullaba hasta que no fui consiente de nada mas.
Me despertó una fuerte sacudida del avión, y reaccionando torpemente cogí la mano de la persona que iba a mi lado, apreté tan fuerte que mis uñas se clavaron es su piel, cerré los ojos y rogué a dios para que la turbulencia terminara pronto.
-tranquila, todo estará bien- dijo una profunda voz a mi lado, abriendo mis ojos vi a la persona victima de mis unas y mi ataque de pánico.
-¡Oh! Lo siento mucho- dije mientras mis mejillas se cubrían de rojo y mis manos se apartaban de el, alzando de nuevo mi mirada me encontré con unos ojos azul muy oscuro, como de una noche de tormenta, un cabello castaño y una amplia sonrisa.
-¿Estas bien?- me pregunto dejando entre ver una sonrisa de burla en su cara.
-¿Acaso te esta burlando de mi?- le pregunte un poco enojada.
-Lo siento, pero tengo que preguntar ¿es la primera vez que viajas sola?
-No creo que eso te incumba.
-Oh, yo creo que si, ya que por tu culpa van a tener que amputarme la mano.
-no seas llorón si apenas y te eh tocado, además no lo hice con intensión de lastimarte.
-Lo se, pero eso no mitigara mi dolor. – bufe sonoramente, me puse nuevamente mis auriculares intente volver a dormir, cosa que no funciono gracias al idiota con el cual compartía asiento.
El resto del viaje fue una tortura, no pude conciliar el sueño y empecé a sentirme culpable por no despedirme de mi madre, así que apenas aterrizáramos buscaría un teléfono y la llamaría.
Bajamos del avión y busque con la mirada algún teléfono publico encontré uno al final del pasillo que conectaba con los baños. Termine de pasar todos mis documentos y cogí mi maleta, me aferre bien el bolso de mano y empecé a caminar hacia el teléfono. Cuando llegue salía del baño el muchacho del avión, y se dirigía también hacia el.
-¿acaso me estas siguiendo?- dijo sonriendo de medio lado. Reí sarcásticamente y lo mire como si hubiese dicho la cosa mas graciosa del mundo.
-Claro que si, es que acaso no te haz visto en un espejo, me haz dejado encantado.
-Gracias ya me lo habían dicho.
Bufe sonoramente y comencé a buscar en mi pantalón algo de monedas, cuando finalmente las encontré me voltee a mirar y el seguía ahí, recostado tranquilamente en la pared.
-Acaso necesitas algo, ¿o acaso lo haces para molestarme?
-Wow, yo creo que tienes pocos amigos, con tu forma de pensar que todo gira a tu alrededor.
-Hazme el favor de dejar de creer cosas sobre mi, no me conoces.-le dije con un tono amenazante y una mirada furiosa, tal vez por que tenia razón en el hecho de no tener amigos, aunque no por las razones que el creía, si no algo mucho peor, para lo que algún día fueron mis amigos yo era una asesina.
-Pero no, solo necesito el teléfono.
No respondí y me dispuse a marcar el número. Repico cuatro veces hasta que mi madre contesto.
-Hola- dijo mi madre.
Hola mama, lo siento tanto, no debí irme así- dije bajando mucho la voz, intentando que el no me escuchara.
-No te preocupes cariño, pero dime ¿como estas?, ¿estas ya con tu padre?- pregunto un poco asustada.
-No aun no, mama te llamare de la academia ¿Ok? Te quiero.
-Yo también. Adiós- colgué el teléfono y empecé a caminar en dirección a la salida, hasta que una voz me detuvo.
-Oye. ¿A donde vas?-me pregunto de nuevo “El”.
-No te interesa. Dije con un tono exasperado y seguí mi camino. Cuando llegue a la salida y vi a todas la personas esperando a sus familiares, me sentí sola. Por que mi primera salida del país debería haber sido con Lissa, pero mientras yo estaba aquí, ella estaba a diez metros bajo tierra en casa, muerta.
Suspire profundamente y empecé a buscar entre la gente a mi padre.
-¿Que clase de padre no recoge a su hija en el aeropuerto?
-tal vez el mismo que me envió por su hija hasta nueva york.
Voltee nuevamente para encontrarme nuevamente con el causante de mis molestias.
-que quieres decir.
-que tu padre me envió por ti hasta nueva york.
Me quede en silencio algunos segundos tratando de procesarlo, después alce la mirada y lo mire fijamente.
-Como puedo estar segura de que lo que dices es cierto, y que no eres un acosador?- pregunte con mirada interrogativa.
-tal vez por que nadie por gusto querría pasar tiempo contigo.
-Eres un idiota ¿lo sabias?- le dije con la poca paciencia que aun quedaban en mi.
-Lo se, ya me lo habían dicho.- dijo con un tono desinteresado.
-Apuesto a que mucho- dije en tono acido- así que me vas a responder ¿o no?
-Mira tu padre es el director de una academia para gente “Especial”, y el me envió a buscarte y acompañarte en tu viaje hasta aquí.
-No me estas diciendo nada que no hubiera podido deducir de mi llamada telefónica.
-esta bien. Tu padre se llama Steve McCauley y tiene treinta y siete años, y tú eres Nicole, su molesta hija adolecente.
-Esta bien, te creo así que ¿que haremos?
-buscaremos un taxi e iremos a la academia.-dijo buscando con la mirada la salida.
Cogió mi maleta y empezó a caminar hacia la salida.
-Espérame- grite mientras el se perdía entre la multitud.
Acelere el paso y lo vi recostado en una pared cercana, el taxi esperaba con mis cosas ya adentro y el me mirada con impaciencia.
-eres muy lenta.- me dijo y subió al auto. Me quede estática por unos segundos sin saber que responder hasta que la bocina del taxi me saco de mis pensamientos, entre al auto y empezamos el recorrido a la academia.
Piensas Que La Vida Es Una Ruina
Todo Lo Pequeño E Insignificante Que Te Pasa
Es Un Desastre Para Ti
Si Te Crees Tan Fuerte…Porque No Lo Demostras?
Al Parecer Eres Débil
Al Caerte Crees Que No Te Podes Levantar Jamás
Al Herirte Crees Que No Se Curara
Por Eso Aun No Te Ha Llegado Lo Que Te Hace Sufrir De Verdad
Te Pasas El Tiempo Amargándole La Vida A Los Demás
Pero Todo En La Vida Se Paga
Con La Misma Sangre Que Hiciste Derramar
Gozas Porque Haces Sufrir,
Pero En Verdad Sos Vos Quien Te Haces Daño
¡Hacete Valer!
¡No Te Desgastes Mas!"
Que La Vida Sigue Y Ellos Se Quedan Atraz!!
| "El remordimiento es como la mordedura de un perro en una piedra: una tontería." "Cuantos hombres se precipitan hacia la luz, no para ver mejor sino para brillar." "Hay que volver a la muchedumbre, su contacto endurece y pule, la soledad ablanda y pudre." "La crueldad es uno de los placeres más antiguos de la humanidad."
| |||||||
